Bienestar Animal
El bienestar animal es el punto de vista que afirma que es moralmente aceptable para los humanos, como únicos sujetos de derecho, el poseer y usar animales para la alimentación, experimentación, vestimenta y entretenimiento, siempre que el sufrimiento innecesario sea evitado; es decir, las manifestaciones emocionales del animal no deberían diferir de las que se presentan en él en condiciones normales. Toda evaluación del grado de bienestar animal debe centrarse en las mediciones de esas sensaciones.
En los últimos años se está dando mayor importancia a las normas sobre bienestar animal debido a la confluencia de varios factores entre los que podemos destacar un mayor conocimiento de las distintas disciplinas relacionadas con los animales como la etología, la fisiología del estrés y del dolor; y el manejo correcto de los animales. Sin embargo, aún quedan profundos vacíos que deben ser completados con suma urgencia.
Resulta curioso leer que el Bienestar Animal ha sido identificado como una de las prioridades del Plan Estratégico de la OIE desde el año 2001, pero el campo de este código moral de conducta se limita al transporte de animales, sacrificio de animales destinados para consumo humano, matanza de animales con fines de control sanitario, animales de experimentación y animales de compañía. Sin embargo, las recomendaciones y legislaciones publicadas al respecto no incluyen a los animales empleados en las corridas de toros y fiestas populares; pese a que, muchos de estos son transportados a las localidades en donde se celebran los festejos taurinos y también son utilizados para consumo humano.
El estrés es el conjunto de reacciones biológicas y psicológicas que se desencadenan en el organismo cuando se enfrenta de forma brusca con un agente nocivo, cualquiera que sea su naturaleza. Si el estrés es muy fuerte, o las defensas orgánicas inadecuadas, se puede producir una alteración psicosomática o mental.
Podemos decir que todos los organismos se encuentran siempre en un estado de estrés mínimo que, ante determinadas situaciones se incrementa pudiendo producir un efecto beneficioso o negativo, dependiendo de si la reacción del organismo es suficiente para cubrir una determinada demanda o ésta supera al organismo en cuestión. El nivel de equilibrio dependerá de la disposición biológica y psicológica de cada individuo.
Un determinado grado de estrés estimula el organismo y permite que éste alcance su objetivo volviendo a la normalidad cuando el estímulo ha cesado; sin embargo, cuando se mantiene la tensión y se entra en lo que se denomina estado de resistencia se produce un estado de agotamiento con la aparición de alteraciones funcionales y orgánicas que se conocen con el nombre de enfermedades de adaptación.
Resulta difícil saber cuando un animal está siendo sometido a estrés, el grado de estrés que está padeciendo y su capacidad para adaptarse a estas situaciones. Afortunadamente la ciencia nos ha dotado de los suficientes conocimientos para saber, en base a respuestas orgánicas cuantificables, si un animal está sufriendo ante determinadas situaciones o no.
Cualquier alteración que saque a ese animal de su medio natural, le producirá estrés. Todo ello sumado al bullicio festivo, las continuas llamadas de atención, las patadas, los tirones de cola, y otro tipo de agresiones que en estos festejos son inevitables, incrementarán el grado de estrés al que es sometido. No olvidemos, por si fuera poco lo descrito anteriormente, que estos toros y vaquillas han sufrido el recorte máximo de sus defensas, experien
cia que se ha demostrado sumamente traumática y estresante para ellos. Otros factores desencadenantes de estrés y de sufrimiento son la restricción de movimientos o la incapacidad de encontrar vías de escape. Podríamos nombrar también como factores de estrés el hambre, la sed, la fatiga, las lesiones y el cambio de temperatura.
La observación del comportamiento de estos animales es muy importante porque puede ser utilizado como indicador de su bienestar. En su ambiente natural, los bovinos pueden expresar su comportamiento normal; sin embargo, este se ve afectado cuando es restringido a un ambiente artificial y cuando son separados de sus compañeros de especie. El animal, separado del grupo y dejado en aislamiento padecerá estrés y podrá tornarse peligroso para la gente.
Está demostrado científicamente que ante una situación de estrés, el organismo o sufre una serie de reacciones fisiológicas que se traducen en la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenales y del sistema nervioso autónomo. Este eje, se activa tanto ante agresiones físicas como psíquicas.
Al activarse, el hipotálamo segrega una hormona denominada factor liberador de corticotropina (CRF), que actúa sobre la hipófisis y provoca la secreción de la hormona adrenocorticotropa (ACTH) por parte de esta glándula. Esta secreción incide sobre la corteza de las glándulas adrenales, dando lugar a la producción de cortisol que pasan a la sangre.
Entretanto, el sistema nervioso autónomo, ante una situación de estrés, provocará la descarga de catecolaminas. Estas son la a
drenalina segregada por la médula de la glándula adrenal, especialmente en casos de estrés psíquico y de ansiedad; y la noradrenalina, segregada por las terminaciones nerviosas, especialmente en los casos de estrés de tipo físico, en situaciones de alto riesgo o de agresividad.
Estas hormonas son las encargadas de poner al organismo en estado de alerta preparándolo para luchar o huir, e intervienen en la generación de una serie de procesos que se describirán a continuación.
Ante una agresión de carácter psíquico o físico, el organismo pasa por tres fases, si es que es incapaz de solucionar la situación mediante la lucha o la huida:
Esta primera fase coincide con la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenales; que a su vez puede ser observado mediante la aparición de una serie de signos, tales como el aumento de la frecuencia cardiaca, de la capacidad y la frecuencia respiratoria, vasoconstricción periférica con redistribución de la sangre a los órganos vitales, dilatación pupilar (midriasis), contracción del bazo y liberación de eritrocitos, incremento del número de leucocitos y disminución del número de linfocitos.
Otros parámetros que suelen encontrarse elevados en estos animales son los marcadores de la función hepática y muscular, así como la urea, la creatinina, lactato, potasio y cloruros. Además, aumenta la descarga de CRF, que a su vez provocará aumento de la secreción de ACTH, que a su vez provocará la descarga de grandes cantidades de cortisol.
Ante estas enormes descargas de cortisol y por efecto directo de él sobre la bioquímica del organismo animal se inhibirá la utilización de la glucosa periférica y se acumulará glucógeno en el hígado, causando la degradación de proteínas musculares y la conversión de aminoácidos a glucosa.
La medición del cortisol en la sangre es el mejor parámetro para valorar la intensidad del estrés. Existen pruebas evidentes de que el estrés suprime la actividad del sistema inmunitario, haciendo al organismo más susceptible a las enfermedades. Esto se debe a que el sistema inmunitario se altera a través de cambios del equilibrio endocrino.
En ella, el organismo intentará superar, adaptarse o afrontar la presencia de los factores que percibe como una amenaza ante el agente nocivo. Si lo consigue se normalizarán los niveles de cortisol y catecolaminas mencionadas y desaparecerán los signos descritos anteriormente.
Se presenta cuando la agresión se repite con frecuencia o es de larga duración; es decir, cuando los recursos del organismo para conseguir un nivel de adaptación no son suficientes, provocando una alteración en los tejidos con presencia de patologías psicosomáticas.
Sabemos por numerosos estudios realizados en diferentes especies animales que las respuestas fisiológicas que hemos mencionado anteriormente son nocivas para el organismo cuando son demasiado intensas o se hacen crónicas o permanentes y que incluso pueden conducir a la muerte.
Debe quedar por tanto claro según lo expuesto anteriormente, que por las características de los animales utilizados en este tipo de festejos, el estrés, es decir el sufrimiento del animal, puede ser medido y cuantificado en función de diversos parámetros sanguíneos como son las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y el cortisol (conocida como la hormona del estrés).
Existen valores de cortisol establecidos como normales en muchas razas de bóvidos que oscilan entre 0.5 y 9 nanogramos/mililitro, aunque otros autores utilizan como unidad picogramos/mililitro. Existen estudios realizados sobre el toro de lidia, que indican que estos animales arrojan tasas altísimas cuando son evaluados los niveles de cortisol en su sangre, cuando son sometidos a prácticas a las que no están acostumbrados. Los niveles de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) sobrepasan con creces los valores establecidos como rangos de normalidad.
PERÚ ANTITAURINO nace por la indignación que siente la gran mayoría de peruanos respecto de las corridas de toros, formando una alianza con agrupaciones de bienestar, defensa y protección animal; ecologistas, culturales, filosóficas, espirituales, entre otras; entendiendo este problema... Leer Más